Calidad ovocitaria

¿La calidad ovocitaria, está sujeta de forma determinante a la edad de la mujer?

Te dijeron que tus óvulos tienen baja calidad o tenés baja reserva ovárica? Te recomendaron la donación de óvulos? Estás por comenzar un tratamiento de fertilización?

Es sabido que la forma más fácil de predecir la calidad ovocitaria es la edad y que la misma declina aceleradamente después de los 30 años. También sabemos que hacía los 35 años las anomalías genéticas alcanzan aproximadamente a un 40% de los óvulos.

Por otro lado, lo que no está tan difundido son los estudios realizados durante los últimos años que confirman la posibilidad de mejorar radicalmente la calidad de los óvulos, una de las principales causas de infertilidad, y por lo tanto, la posibilidad de un embarazo sano.

Por este motivo, nuestro equipo en The Fertility Boosters ha creado esta sección para que comprendas fácilmente cómo madura un óvulo y cómo podés incrementar su calidad.

Creemos que en conocimiento y la participación activa están los resultados.

¿Cómo se evalúa la calidad ovocitaria?

La calidad ovocitaria está determinada por tres aspectos: La calidad morfológica, la calidad metabólica y la calidad genética.

  • La calidad morfológica es la forma y el aspecto de cada una de las partes del ovocito maduro: el citoplasma, la zona pelúcida, el espacio perivitelino y el corpúsculo polar.
  • La calidad metabólica es su capacidad de producir la energía necesaria en los momentos claves de la maduración, la fecundación y las primeras etapas del desarrollo embrionario. Esta facultad es de vital importancia para que el ovocito tenga el número correcto de cromosomas y para que el embrión pueda completar las primeras divisiones celulares e iniciar la implantación en el endometrio y necesita una enorme cantidad de energía para el procesamiento, ordenación de los cromosomas y la maduración total del óvulo.
  • La calidad genética es su composición cromosómica, es decir, si posee o no los 23 cromosomas completos. Esta calidad está íntimamente ligada a la calidad energética del óvulo y una de las principales causas de las anomalías cromosómicas es la insuficiencia energética mitocondrial.

Habiendo avanzado en la calidad ovocitaria, vamos a centrárnos en un proceso extremadamente importante para que los óvulos puedan alcanzar su mayor potencial reproductivo y su más alta calidad, la foliculogénesis.

La foliculogénesis y su importancia en la fecundación.

La foliculogénesis es el proceso mediante el cual el folículo ovárico se desarrolla y madura, atravesando diversas fases a lo largo de aproximadamente tres a cuatro meses hasta culminar en la ovulación. Comprender este ciclo es fundamental, ya que de él depende directamente la calidad del óvulo y las probabilidades de fecundación.
La clave de este proceso reside en la energía. El óvulo depende de sus mitocondrias, orgánulos responsables de transformar los nutrientes en ATP (la energía vital que las células necesitan). Debido a su inmensa demanda energética, cada óvulo posee más de 15.000 mitocondrias, cantidad diez veces superior a la de cualquier otra célula del cuerpo y paralelamente, las células foliculares que rodean al óvulo funcionan como un sistema de soporte, suministrando ATP adicional durante toda su maduración para asegurar su viabilidad.

Fases de la foliculogénesis. Del folículo primordial al folículo de Graaf

  • Los folículos primordiales son las primeras estructuras que contienen óvulos inmaduros en el ovario femenino. Se forman durante el desarrollo fetal y alcanzan su número máximo antes del nacimiento. Con el paso del tiempo, muchos de estos folículos se degeneran, y al llegar a la pubertad, una mujer tiene aproximadamente 1 a 2 millones. Estos folículos primordiales forman la llamada “reserva ovárica”.
  • En la segunda fase, las células planas que rodean al ovocito en el folículo primordial se convierten en células cúbicas de la granulosa y el ovocito aumenta su tamaño, formando al folículo primario.
  • En el siguiente estadio, el ovocito se encuentra rodeado por varias capas de células de la granulosa. Simultáneamente, se inicia la formación de la zona pelúcida, que es una envoltura protectora compuesta por glucoproteínas, fundamental para la posterior unión del espermatozoide y la prevención de la polispermia. Este folículo se denomina folículo secundario.
  • En la cuarta fase, se forma el folículo preantral que se caracteriza por un aumento en el número de células de la granulosa y por la formación de la teca interna y externa alrededor del ovocito. Un hito crucial es la expresión de receptores de FSH en las células de la granulosa, lo que marca el inicio de la dependencia del desarrollo folicular respecto a las gonadotropinas hipofisarias.
  • Posteriormente se desarrolla el folículo antral, que se distingue por la presencia de un antro, una cavidad llena de líquido. Su desarrollo depende de las gonadotropinas FSH y LH. Durante la fase folicular del ciclo menstrual, múltiples folículos antrales son reclutados. Sin embargo, solo uno, el folículo dominante, completará su maduración debido a un proceso de selección y atresia folicular.
  • La foliculogénesis culmina con el folículo de Graaf que se encuentra completamente desarrollado y contiene un ovocito rodeado por el cúmulo oóforo, una estructura celular que se expande y adquiere una consistencia mucosa en respuesta al pico de gonadotropinas, facilitando así la ovulación. Tras la ovulación, las células foliculares restantes se transforman en el cuerpo lúteo, una glándula endocrina que produce progesterona, esencial para la preparación del endometrio para una posible implantación.

Entendida la foliculogénesis, podemos comprender que los óvulos no están envejecidos mientras forman parte de la reserva ovárica. Los óvulos sólo envejecen durante este proceso si no cuentan principalmente con la energía necesaria para madurar de forma correcta. Considerando que solo se necesita un óvulo sano para lograr un embarazo, enfocarse en destinar a este proceso la energía necesaria, es definitivamente una jugada ganadora.

La función mitocondrial, clave en la maduración del óvulo.

La foliculogénesis, tal como se ha mencionado, exige una elevada cantidad de energía para la correcta maduración del óvulo y son las mitocondrias, responsables energéticas de la célula, que suministran la energía necesaria para llevar a cabo el procesamiento y ordenación cromosómica. Para dimensionar la importancia de la función mitocondrial podemos señalar que un óvulo cuenta con unas 15.000 mitocondrias, o sea que tiene unas diez veces más que cualquier otra célula del cuerpo humano. El problema se presenta con el tiempo y los hábitos, ya que el envejecimiento y el estrés oxidativo provocan un deterioro progresivo de las mitocondrias, reduciendo tanto su cantidad como su eficiencia en la producción de energía. Sucede así, que los óvulos , maduran de forma incorrecta y con una baja calidad ovocitaria.
Entonces, nos preguntamos…

¿Puedo mejorar la calidad de mis óvulos?

¡Sí, podés mejorar la calidad de tus óvulos! Para comenzar, es importante comprender qué factores incluyen en la calidad de tus óvulos y cómo podes hacer para mejorarla.

En primer lugar, digamos que para una correcta maduración, los óvulos necesitan como hemos visto, una gran cantidad de energía, por lo que es crucial que nuestro metabolismo pueda contar y encauzar toda la energía necesaria al sistema reproductivo para que el proceso se realice de forma correcta.
Siendo que tu cuerpo prioriza la supervivencia sobre la reproducción, tu metabolismo no derivará la energía requerida para una foliculogénesis correcta si está necesitando esa enegía para sobrevivir, o sea, si se encuentra en modo supervivencia. Entonces nos preguntamos, ¿qué pone a nuestro cuerpo en modo supervivencia? La respuesta es más obvia de lo que podríamos pensar: Básicamente mantener un alto nivel de estrés, una pobre alimentación, la escasa actividad física, el no respetar neustro ciclo circadiano y la exposición a factores ambientales.
Todo esto, puede acomodarse y no solo repercutirá la fertilidad sino tambien en la salud integral de la mujer y su descendencia, ya que el aprendizaje del autocuidado, una vez adquirido, se transforma en rutina e impacta directamente en la calidad de vida de la familia.

¿Qué factores suman y cuáles restan energía metabólica?

El organismo tiene un sistema jerárquico para el uso de energía, y la respuesta al estrés, crucial para la supervivencia, siempre tiene prioridad.

1. Activación del Eje HPA y Desvío Energético

El estrés físico o emocional activa el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA), lo que resulta en la liberación de cortisol (la hormona del estrés) y catecolaminas. Esta respuesta exige un consumo energético significativo para preparar al cuerpo para la “lucha o huida”:

  • Movilización de Reservas: La energía se desvía de procesos “no esenciales” (como la reproducción) hacia el cerebro, los músculos y el corazón.
  • Inhibición de la LH y FSH: El cortisol puede suprimir la liberación de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH) en el hipotálamo, lo que a su vez reduce las hormonas FSH y LH necesarias para la foliculogénesis. Esto es una “señal de apagado” reproductivo causada por la percepción de peligro.

2. Competencia de Glucosa

Bajo estrés, el cuerpo aumenta la producción de glucosa (un proceso llamado gluconeogénesis) y promueve su uso por los tejidos prioritarios. Esto puede crear una competencia por los sustratos energéticos necesarios para las células de la granulosa en crecimiento. Si el folículo no puede obtener suficiente glucosa, su metabolismo se ralentiza y su desarrollo se detiene.

3. Mayor Estrés Oxidativo

El estrés también aumenta el estrés oxidativo general en el cuerpo. El folículo, para proteger el óvulo, ya es un sitio de alta actividad metabólica y, por ende, de alta producción de especies reactivas de oxígeno (ROS). El estrés crónico sobrecarga los mecanismos antioxidantes del folículo, lo que puede provocar daño al ADN ovocitario y a las estructuras celulares, afectando gravemente la viabilidad del óvulo.

En resumen, cuando el cuerpo está bajo estrés, prioriza la supervivencia, desviando la energía que debería usarse para construir y nutrir un folículo de alta calidad. Esta redirección metabólica es la razón fundamental por la cual el estrés crónico es un factor significativo en los problemas de fertilidad.

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